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Somos perlas preciosas para Dios

Preciosas perlas, así nos compara Cristo de acuerdo a Lucas 15, no necesariamente por la belleza sino por el valor que representamos para El.

Perdidos y encontrados…

Frustración, desesperación, tristeza… ¿Alguna vez has tenido la experiencia de que algo valioso se te pierda?

Entonces él les refirió esta parábola, diciendo: ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Lucas 15:3-4

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Un viernes en la noche, salí a mi acostumbrada caminata con mis cuatro perros, cuando un vehículo casi atropella a uno de ellos. Este asustado huyo despavorido, corriendo a esconderse en algún lugar seguro. Guardé los otros perros, recorrí el vecindario y las calles de otras urbanizaciones cercanas, corriendo la voz de que se me había extraviado un perro. Ese fin de semana en vano camine más de 12 kilómetros buscando y llamando al perro. Cansado pedí al Señor que apareciera la pequeña mascota y si no que permitiera que alguien le encontrara y diera albergue en su hogar. Gracias a Dios en la madrugada del lunes, el perro rasgaba la puerta de entrada a la marquesina.

Perlas preciosas encontradas por Dios.

Esta experiencia es similar a la parábola de la oveja perdida, la cual relata que el pastor al perdérsele una de las 100 ovejas que tenía, llevo las restantes al redil y busco a la que se había perdido. Tal es el amor de Dios para cada persona. El no quiere que ninguno se pierda. Su plan de  salvación, a través de Su hijo Jesucristo, es para todos.

Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento. Lucas 15:5-7

Si nosotros siendo imperfectos podemos dar buenas dadivas a nuestros hermanos, cuanto más no hará nuestro Padre Celestial por cada uno de sus hijos.

Para Dios, cada criatura que el creo a su imagen y semejanza, tiene un valor especial. Somos más valiosos que la prenda más fina, somos perlas preciosas. No importa cuánto nos hallamos alejado de Él, ni que tan hondo hallamos caído, el siempre está presto a socorrernos y rescatarnos.  

Escrito por Enriquillo González