Esperanza

Mi cuñada, luego de batallar contra un cáncer por casi cinco años, su cuerpo finalmente cedió a la realidad de la naturaleza.

Era la tarde del sábado 7 de septiembre; parte de la familia estaba en la casa y de repente se inicia un correteo. Una doctora amiga entro rápido en la habitación donde ella estaba postrada, se da un silencio sepulcral, pasan algunos segundos y una persona sale lentamente apoyándose de las paredes y con lagrimas en los ojos diciendo: “Se ha ido”.

Fue un momento muy difícil. Todos sabíamos que este sería el desenlace de esta historia, pero aun así no estábamos preparados para ella. El dolor por la ausencia de este ser querido nos hizo llorar y expresar confusión ante lo inevitable de su partida.

Lo cierto, es que no nos preparamos para dejar este mundo, ni para que a quien amamos lo haga. Fuimos creados y concebidos para la eternidad; no obstante a raíz del pecado entró la muerte.

Sin embargo Dios nos ofrece una alternativa al aguijón de la muerte: En El podemos dormir, aunque este nuestro cuerpo muriese.

La esperanza que tenemos con mi cuñada, es que duerme y descansa, para ser levantada en el tiempo que Dios disponga. Y con ella, a toda persona aquel que haya confesado creyendo, que Jesús es el Señor.

De manera que, teniendo esta esperanza nos sirva de aliento a nuestras vidas. Para que, aunque suframos el dolor de la partida, nos fortalezcamos en la venida de Cristo a la tierra buscando a su pueblo para irnos y estar para siempre con El.

Josías Ortiz González colaborador, RTM República Dominicana

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